jueves, 8 de abril de 2010

Puerto Escondido

jueves, 8 de abril de 2010 1
Parece mentira que una persona que durante un verano fue denominado Marc Ostarcevic por su eterno moreno rojizo típico de los vividores marbellíes; o que pasaba horas y horas en las playas de Ondarreta y la Zurriola tumbado sobre la colorida toalla que siempre portaba, comentando con sus amistades, en una disposición claramente en U, las eventualidades de la noche anterior o los dibujos de los bikinis de las jovenes donostiarras, diga esto: “ya no me gusta la playa”.

¿Y a qué viene esto? Os preguntareis. Esta Semana Santa hemos estado en Mexico y nuestro primer destino fue Puerto Escondido. Puerto Escondido es el mítico lugar, según la afamada Lonely Planet, que fue en su momento una pequeña ciudad pesquera y se ha convertido con el paso del tiempo y de los numerosos turístas nacionales e internacionales,en un lugar playero reconocido y que va camino de convertirse en el mítico resort.

Pero la verdad , es que ahora mismo, está en ese punto en el que es muy agradable ir allí. Todavía su paseo marítimo está llena de tiendas de surf (ya que Puerto Escondido tiene buenas y grandes olas) y no de tiendas de souvenirs y de cubos para hacer castillos de arena; hay muchos restaurantes en donde sirven mucha comida típica y naturalista, en lugar de lounges en donde sirven diminuta nouvelle cuisine; y todavía hay muchas personas con el pelo rebosante de parafina en lugar de gomina.

¿Y a qué viene lo de “ya no me gusta la playa”? Resulta que pasamos dos días allí y fui incapaz de tumbarme en la blanca toalla que llevamos. Estuvimos paseando por las tiendas en busca de unas sandalias (que Luiza compró) y de una camiseta (que a mí, aunque vi muchas interesantes, no me dejaron comprar), fuimos por el bello paseo por los acantilados, participamos en una suelta de tortugas, vimos tipos tirándose, cual kamikazes, desde las rocas al azulado mar y hasta paseamos por el pueblo original. Pero nunca tuve intención de tumbarme en esa toalla blanca. Nunca.


viernes, 8 de enero de 2010

Mis Converse Allstar

viernes, 8 de enero de 2010 0
Muy pocas veces me he sentido tan observado en un país. Y curiosamente no era mi pálida piel, ojos claros y cabello claro lo que les llamaba la atención. Ni siquiera esa cámara canon de última generación con la que me paseo por estos lares. No.

Lo que más atraía las miradas tanto de hombres como de la mujeres (más de estas), eran nuestras Converse Allstar. Todo el mundo nos las pedía con frases como: "Nunca había visto unas Allstar. ¿Me las das?", "Me gustan esas Converse", etc.

Por lo que si quieres pasar desapercibido en un país como Belice, deja tus Converse en casa.

Nuevo año en la playa blanca

Belice nos sorprendió en todos los aspectos y eso que hemos viajado suficiente como para considerarnos difícil de sorprender. Para mi fue una revelación y un asombro total al ver la mezcla de culturas que había en este país y ademas la naturaleza con la cual cohabitan allí los negros de origen Africano (población dominante), los mayas procedentes de Guatemala o México, los indios de la India (sinceramente ignoro la razón por la cual hayan acabado en Belice y ademas formando familias con los negros o mayas locales), por supuesto los chinos con sus conocidas tiendas y restaurantes (chillones y bastante antipáticos en general) y para acabar, el gran numero de población estadounidense llegada a retirarse en la playita, compartiendo el idioma, la tierra y un poco de la cultura. Una mezcla extraña y nunca vista hasta ahora en un país de América Latina, a los que hay que añadir el gran numero de turistas venidos a disfrutar del segundo arrecife de corales mas grande del mundo y que dan a los locales el dinero para poder sobrevivir.

¿Cuales nos han gustado mas? Pues los negros por supuesto por ser fáciles de abordar, siempre bailando, siempre sonriendo y tomándose la vida con mucha facilidad. Demasiada, dicen algunos y tienen toda la razón; pero para un viaje de una semana a nosotros nos han hecho gracia. Luego los indios que también parecen buena gente y los americanos con su aire conquistador y sabelotodo, pero que al fin y al cabo pertenecen ya a la fauna local.

También nos sorprendió la forma de transporte de Belice: en autobuses “confortables” y aireados en los cuales muchas veces nosotros no pagábamos (sí, la primera vez en todos los viajes que hicimos que no nos cobraron en los autobuses y hasta este día desconocemos la razón), el autostop (al parecer si tienes un pick-up y no paras ante un autostopista en este país se considera un gesto de insociabilidad) o en bici (medio de transporte más que necesario en los pueblos de Belice ya que se permiten el lujo de construir sus casas a largas distancias del vecino causando que los pueblos sean largas carreteras con casas a ambos lados de ella).

Bueno, para hablar un poco del trayecto, cabe mencionar que ha sido un viaje planeado por mi misma y por lo tanto ha tenido varias quejas de parte del que tengo al lado ademas de crearle varias pesadillas post-viaje tan verídicas que incluso se ha enfadado conmigo...

Empezamos por Punta Gorda, una 'gran ciudad' de sólo cinco mil habitantes. Sin embargo, la más grande de la parte sureña. Los locales son tan lentos y tan perezosos que ni quieren pronunciar el nombre entero y solo la llaman por las iniciales: PG. Aquí descubrimos un hostal de un americano ecologista que iba por allí a contar los pájaros de la jungla. Buena gente pero también un buen ejemplo de que algunos necesitan más contacto con la civilización y que estar demasiado aislado te hace ver una conspiración debajo de cada piedra.

Noche vieja la pasamos en un pueblo llamado Hopkins, en una tradicional casa beliceña, hecha de madera y en donde se escuchaban todos los ruidos de la otra habitación. La ultima cena de nuestro año tuvo lugar en un restaurante local en la playa, haciendo conversación con unos simpáticos garífunas borrachos que tenían un acento aceptable como para entenderlos.

Luego visitamos Dangriga, otra de sus grandes ciudades, tan grande que no encontrábamos un lugar para comer. Preguntamos y nos recomendaron ir a una casa del parque central, llamar a la puerta y decir que queremos comer. Al parecer el hijo de la señora cocinaba a veces. No llegamos hasta el parque ya que nos encontramos con un restaurante chino poco atractivo, pero abierto, que nos dejó disfrutar de sus tallarines. Otra vez asombro total al ver que dentro del restaurante había un negro y un maya mirando con el chino-padre una carrera de bicis femenina. Hablando y discutiendo sobre ello como si fuera lo mas normal del mundo.

Y por fin llegamos a Placencia, una de las joyas de Belice, ciudad 100% turística y aunque no nos guste lo demasiado turístico, hay que reconocer que el sitio tenía una magia aparte. Allí comimos el mejor helado del mundo, en una heladería italiana. De hecho muchos europeos vivían y trabajaban allí y eso nos hizo pensar... gente lista...

De verdad, hay que verlo!

jueves, 7 de enero de 2010

Viajar en bus en países de Centro América

jueves, 7 de enero de 2010 0

Definitivamente, hemos viajado mucho en bus. Todavía me acuerdo de esas 27 horas que pasamos en un bus argentino o ese bus boliviano que cada curva que daba colgaba sobre un precipicio de 500m o ese bus mexicano que tenía una gotera cómo las cataratas de Iguazú y un largo etcétera de ellos.

Pero sin duda la experiencia más memorable e insólita es montarte en un bus en Centro America, los bien llamados “chicken buses”.

En casos así, siempre es bueno acudir a wikipedia: “El nombre (de chicken bus) viene debido a que los usuarios principales de estos autobuses son campesinos que van a vender sus mercancías a los mercados. Con lo que van bien cargaditos de cosas y animalitos varios, normalmente pollos”.

Que también, pero para mí la mejor razón para llamarle “chicken buses” es porque vas como los pollos: 3 personas por banco, el sobaco del de al lado en tu nariz, más gente en el pasillo, el conductor dando unas curva al más estilo rally y haciendo que mi nariz se pegue y se despegue de esa sudorosa axila. Otra parada, sube más gente. Y llega un momento en el que dices ya no entra más gente, ¡imposible! Y el conductor sigue parando, dejando que la gente vaya colgando de cualquier saliente que tenga el exterior del autobus.

¿Que suena extresante? Pués sí, lo es. Por lo menos cuando los utilizas en hora punta.

Pero tranquilos amigos, hemos descubierto una forma light de introducción a la selva “chicken busera”. Es el bus en Belice.

Las principales diferencias radican en la forma de conducción del chofer con una sosegada forma de tomar las curvas y sobre todo en la cantidad de personas que hay en los mismos. Estos dos elementos crean un aura algo más sosegada en el interior del mismo.

El problema es que los buses en Belice están llenos de niños, que juegan, que lloran, que se mueven, que cantan, que hacen cualquier cosas menos estarse quietos. Y de mujeres negras que ríen, que se burlan de sus hijos, que les zurran, que dirigen todos los movimientos dentro del bus y todo esto a un extremadamente alto volumen.

¿Que suena molesto? Pues sí, por lo menos a veces. Pero también puede ser divertido. Por lo menos si entiendes qué demonios están diciendo en ese mix de inglés y garífuna.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Valoraciones personales de nuestro viaje guatemalteco

viernes, 11 de septiembre de 2009 1
Pujol: Un pajarito nos contó lo emocionado y ansioso que estaba por nuestra visita. La alegría por vernos le duró 5 minutos. A partir de ahí se volvió gruñón y pesado. Se mantuvo en un estado continuo de cabreo y pataletas. Nos consta que hubo quien estuve planeando asesinarlo en la selva o sacrificarlo cual gorrino en los altares de Tikal. En efecto lejos de apoyar a quienes sufrian los ataques de Moctezuma, hizo mofa y burla. Para los que no estuvieron, hay que decir que Pujol ha cambiado. Ahora se pasea por la selva con un bolsito de winnie de pooh, viste camisetas rosas y se pone sombreros de flores para protegerse del sol. Seguramente le eche la culpa a Luiza quien en efecto no tiene los 25 años de experiencia de su madre, cuidandolo, vistiendolo, lavandolo…

Luiza: Mucho más paciente que Pujol nos hizo de guía por Antigua, Monterrico, Pacaya… Una extraña enfermedad de la que por suerte se recupero rápidamente evitó una tragedia segura en las fiestas populares de coban. Se ha convertido en una experta negociadora en los mercados de todo Guatemala. Todos tenemos muchas ganas de leer su libro.



Barrus: Si bien no perdió ningún avión si que se metió en todos los líos. Nos lo encontramos al llegar a Antigua con un machete de 50 cm que había comprado a un campesino y con el que se paseo por todo Guatemala. Estuvo presente en todas las aventurillas, tirandose de cabeza por las cascadas de semuc champey, abriendo camino en la selva, colgándose de las lianas de los siete altares o bailando en la pared. Pero no todo fue hacer el mal. También tuvo tiempo para empezar la construcción de su hotel de 35 plantas en la costa del pacifico.

Cristobal 2: Campesino, costurero y guía de excursiones por la selva del peten. Fue uno más y se gano nuestro cariño y admiración. Nos cuido con sus conocimientos de la selva dándonos hoja de pimienta que al parecer lo curo todo. No enseño el mundo “similar maya” y sus costumbres. El pobre tuvo que soportar el duro interrogatorio al que le sometió Idoia para comprobar lo sincero que era para con su mujer e hijas además se caer también victima de la venganza de Moctezuma.



Xabi: Nos explicó insistentemente durante todo el viaje que él era vasco. Trató de introducir sensatez y precaución donde nunca debía ni podía haberla. Dejaba ver su mejor faceta tras la caída del Sol bebiendo y bailando hasta quedarse solo en la pista. Momento en el que siempre conseguía acabar yéndose a la cama con alguna o varias gringas. Pero su mayor super poder fueron los quebranta mentes. En la lancha a la deriva, en la selva o a orillas del pacifico Xabi resolvió los sudokus mas complicados.


Moreno: A pesar de un gran comienzo de viaje, con un pensamiento extremadamente positivo que nadie conocía y una energía digna de unos niños gemelos; fue decayendo poco a poco debido a su despertar a horas intempestivas y por la seducción de Montezuma, hasta convertirse en un sub-ser de la especie de los mandriles (esos que tienen el culo rosa). Su caminar el último día de la selva permanecerá eternamente en nuestro recuerdo.



Idoia: Si te pierdes por la jungla, en una isla desierta, en una farra reggea, en un hostal lujoso siempre la encontraras. Con sus famosas conversaciones sobre “lo que se le ocurra en ese momento” amenizó esas duras jornadas (sobre todo las de la selva encontrando su álter ego en los monos aulladores) y dirigió a Cristobal dos por el camino correcto cuando nos seguía por una indisposición.




Iñigo el “Bilbaíno”: Cuando nos dijeron a todos nosotros que un bilbaíno nos iba a acompañar en este viaje, pensamos lo peor. Pero he de decir que los bilbaínos si no hablan de futbol y si son acallados por Idoia, no son del todo malos. Se sumergió a las profundidades en busca de caracolas y langostas, saltó de manera acrobática en la cascada o escaló el Acatenango sin decir a penas ninguna palabra extremadamente positiva sobre su ciudad o su persona. Un auténtico logro (y os lo dice un nieto de bilbaíno).


Javi: Con sus dos metros de alto oteó el horizonte, nos abrió un agujero en el lago para que nosotros saltásemos desde el embarcadero, nos salvó como un auténtico super héroe de nuestro naufragio (siempre quedará en nuestra memoria esa frase que le dijo a Barrus: “tu irás a esa boda en Estados Unidos”), etc. Su estancia con nosotros fue corta, pero visible, como su espigado cuerpo. Si le buscáis estará en Bali... cabrón.



La Furia: Su infección con influenza pocina (¿por qué ahora se llama A1?), limitó sus energías durante el viaje:
- al principio, donde dormitó sin parar en nuestro sofá en Antigua;
- en la mitad, cuando en Livingston intentó hacer una txurticiera (irse sin avisar) cuando la noche apenas había empezado o cuando se sumergió en una de las hamacas en la isla de Belice;
- o al final, cuando en el lago Atitlán sólo quería que el tiempo discurriese de manera horizontal.
Su afamado dicho “estoy hecho un cristo” retumbó por todos los rincones de Guatemala y el día que se fue, hubo una manifestación de sofás, hamacas y similares para reivindicar un aumento de sueldo.

Dela+: Su nariz y su oscuro color de piel fue una limitación para él en nuestro treking en la selva (a pesar de que se quiso disfrazar de Rambo con su ridículo cuchillo), pero no lo fue para la conquista de las locales, para que una negrita entrada en carnes le bailase la lavadora y para sus ya conocidos rituales a la hora de comer separando los alimentos verdes, amarillos, rojos, marrones y de cualquier color excepto el blanco del arroz (¿harás eso también delante de tus hijos?). Lo que vino a hacer Dela+ a Guatemala ya lo hizo y bien hecho además, pudo poner una X en su ciento y pico mil país visitado. Y todo lo demás no importa.
 
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